La mayoría de las regiones desérticas se formaron por los movimientos de masas de aire alrededor del planeta en
conjunción con otros factores geográficos. La rotación de la Tierra alrededor de su eje produce gigantescos movimientos
de aire. Las corrientes ascendentes situadas sobre el ecuador fluyen hacia el Norte y hacia el Sur; otras corrientes,
enfriadas en latitudes altas o bajas, descienden como áreas de altas presiones a las dos zonas subtropicales.
Al norte y al sur de los trópicos, existen otras dos áreas de aire ascendente y bajas presiones. Todavía más al Norte y más al Sur
están las dos regiones polares de aire descendente. Según desciende este aire, se calienta y absorbe humedad, y, consecuentemente, seca la tierra.
Los movimientos descendentes de masas de aire caliente alrededor de la Tierra han producido dos cinturones de desiertos, uno a lo largo
del trópico de Cáncer, en el hemisferio norte, y otro a lo largo del trópico de Capricornio, en el hemisferio sur. Entre los desiertos
del hemisferio norte cabe destacar el de Gobi, entre China y Mongolia, los desiertos del suroeste de Norteamérica, el Sahara en el norte
de África y los desiertos Arábigo y de Irán en el Oriente Próximo. A lo largo del cinturón sur se encuentra la Patagonia en Argentina, el
desierto de Kalahari en el sur de África, y el Gran Desierto Victoria y el Gran Desierto de Arena en Australia.
Otras áreas desérticas resultan de la influencia de las corrientes marinas en masas de aire continentales. Cuando las aguas frías se
desplazan desde las regiones árticas y la Antártida hacia el ecuador y entran en contacto con los bordes de los continentes pierden
temperatura; las corrientes de aire se enfrían al cruzar sobre estas aguas, cargándose de niebla y aire húmedo pero sin provocar
precipitaciones. Estos vientos soplan a través de las regiones costeras de California, Baja California, suroeste de África y Chile;
aunque a menudo cubiertas de niebla, estas costas son desérticas. |