Las alineaciones montañosas influyen en el desarrollo de los desiertos por la creación de sombras pluviométricas.
Cuando los vientos cargados de humedad pasan por encima de las laderas de barlovento se enfrían y pierden su humedad en
forma de lluvia y nieve; por otro lado, el aire más cálido desciende por las laderas de sotavento evaporando la humedad del
suelo. La Gran Cuenca, un desierto de Norteamérica, es resultado de la sombra pluviométrica que produce sierra Nevada.
Otras áreas desérticas en el interior de algunos continentes se formaron porque los vientos predominantes, influidos por
lejanas masas de agua, ya habían perdido la mayor parte de su humedad cuando llegaron a dichas regiones. Este es el caso de
desiertos como el de Gobi y el de Takla Makan, en Eurasia.
El paisaje desértico es adusto, modelado por el viento y, paradójicamente, por el agua. Cuando ésta llega al desierto, el suelo,
desprotegido de vegetación, se erosiona fácilmente. Los cañones se forman por donde el agua desciende de las colinas. Desde los
angulosos y erosionados picos que forman las rocas más resistentes, los conos de deyección aluviales depositan grandes cantidades
de materiales no consolidados como arenas, gravas y cantos angulosos en su base (denominados bajadas). Estas laderas se nivelan para
formar cuencas bajas llamadas playas. Durante las escasas precipitaciones, las cuencas se llenan de agua. El agua de lluvia, al evaporarse,
deja tras de sí una capa brillante de la sal disuelta en el suelo. Estos lagos salados son un rasgo común de algunos desiertos. En el
Gran Lago Salado de Utah, vestigio de un antiguo mar interior alimentado por alguna entrada de agua dulce, la evaporación no es nunca
completa, pero sí suficiente como para concentrar sal en el agua del lago.
Los vientos actúan como un chorro de arena sobre las piedras, formando figuras curiosas y constituyendo las dunas típicas de los desiertos
arenosos, como el Sahara y varios desiertos de Norteamérica. Los montículos de arena formados por el viento pueden alcanzar alturas de más de
200 m en el Sahara y en los desiertos Arábigo e Iraní. En aquellos lugares donde los vientos son fuertes y la arena es relativamente escasa,
como en el desierto de Atacama, las dunas pueden formar figuras que se mueven continuamente a través de la superficie desértica, así como
crestas longitudinales, resultado de vientos que soplan en una sola dirección, o tener figura de estrella en regiones donde el viento sopla
en todas direcciones. |